Iglesia de Sant'Anna dei Lombardi

Iglesia de Sant'Anna dei Lombardi

Piazza Monteoliveto 13-17. (Abre el mapa)

Descripción

La iglesia de Sant'Anna dei Lombardi se alza en la piazza Monteoliveto, en el centro de Nápoles. Con sus esculturas, capillas y sacristías, es uno de los testimonios más importantes del Renacimiento toscano en la ciudad: trabajaron aquí Benedetto da Maiano, Antonio Rossellino y Giorgio Vasari.

El atrio es gótico, de piperno, con el arco rebajado típico del gótico tardío napolitano. Dentro, una sola nave con techo de casetones y capillas a ambos lados, que parecen un rincón de Florencia trasladado a Nápoles.

La pieza estrella es el Llanto sobre Cristo muerto de Guido Mazzoni, de 1492. Ocho figuras de terracota policroma, de tamaño natural, rodean a Cristo tendido: dolor, desmayos y rostros muy reales.

Dos personajes tienen los rasgos de los reyes aragoneses. José de Arimatea es sin duda Alfonso II, y a su lado, con toda probabilidad, está su padre Fernando I. El grupo se encuentra en el oratorio del Santísimo Sacramento.

La capilla Piccolomini es una de las más logradas al modo florentino. Trabajaron en ella Antonio Rossellino, Giuliano y Benedetto da Maiano, que retomaron el esquema de la capilla del Cardenal de Portugal en San Miniato al Monte, en Florencia.

En la capilla Correale está la Anunciación de Benedetto da Maiano, de 1489. Estudios recientes sostienen que en el altar trabajaron también otros jóvenes artistas toscanos, quizá un jovencísimo Miguel Ángel, en el putto que se retuerce arriba a la derecha.

Al final de un pasillo tras el ábside está la sacristía Vieja de Vasari, antiguo refectorio de los monjes. La bóveda tiene alegorías pintadas al fresco por el pintor de Arezzo en 1544, y las paredes, sillerías con taracea de fray Giovanni da Verona.

La iglesia fue fundada en 1411 para los monjes olivetanos por Gorello Origlia, protonotario del rey Ladislao. Con los aragoneses se convirtió en una de las favoritas de la corte, y en Nápoles los banqueros florentinos la llenaron de artistas toscanos.

Fueron los Strozzi, que tenían una sucursal de su banco en la ciudad, quienes negociaron con los escultores de la capilla Piccolomini y les pagaron. El nombre actual es más reciente: en 1801 llegó la cofradía de los Lombardos.

En el atrio está la edícula funeraria de Domenico Fontana, arquitecto del papa Sixto V. También la fachada lleva las marcas de la guerra: el atrio gótico se reconstruyó tras los bombardeos de 1943.